¿Cómo lo hicieron?

Corre el año 1846. El pintor belga Joseph Stevens se ha venido a Amsterdam con su caballete y sus óleos. Se ha especializado en pintar animales y la cantidad de perros que hay por las calles allí es abrumadora (una de las mayores de Europa).

En los Países Bajos casi todo el mundo tiene perros: para las clases más altas son mascotas, y sus dueños lucen sus pedigrís como símbolo de estatus; los perros de los pobres son mestizos, usados como guardianes o perros de trabajo hasta que ya no les sirven, y entonces los echan a la calle. 

Estos días corre la voz de que hay un brote de rabia. Otro más. Más perros que, por miedo, serán abandonados. Más perros en las calles en busca de comida. Más perros procreando para traer al mundo más perros.

Los sucesivos brotes de rabia generaron las primeras reacciones contundentes.
1.- Por miedo a una pandemia se sacrificaron grandes cantidades de perros callejeros (incluso cuando el peligro ya había pasado). La profesión de cazador de perros era común durante ese período. 
2.- Muchos municipios instauraron impuestos para controlar el número de perros, pero ello no hizo sino aumentar el número de perros callejeros (las clases más bajas en su gran mayoría, no pudieron –o no quisieron– pagar ese impuesto, por lo que recurrieron a la solución más fácil que era abandonarlos). En esa época, la pobreza jugó un papel importante en el aumento del número de perros callejeros

 


 

Han pasado 173 años desde que se pintó el cuadro que ilustra nuestro relato, y a día de hoy, Holanda, puede presumir orgullosa de ser el único país europeo reconocido como libre de perros abandonados.
¿Cómo lo hicieron?

Probablemente, la cultura holandesa ha desempeñado un papel muy importante en la reducción de animales callejeros: los Países Bajos son un país pequeño que ha interactuado siempre con otras culturas; la observación y la empatía con otros ha sido su mecanismo de sobrevivencia. Esta habilidad para crear empatía también ha tenido un impacto sobre la forma de pensar de los holandeses con respecto a los animales y su calidad de vida: el sufrimiento de los animales les afecta personalmente y este sentimiento les motiva a buscar soluciones.  Holanda es uno de los pocos países que tiene un partido político (Partij voor de Dieren) con 5 escaños en el parlamento y cuyo propósito es mejorar la calidad de vida de los animales.

Las bases para este cambio giran en torno a 4 ejes:

Campañas de concienciación para la ciudadanía.

Es sumamente importante enseñar a los niños desde muy pequeños que los animales son criaturas que sienten y padecen, y que deben ser tratados con responsabilidad y respeto.  Y las personas provenientes de otras culturas deben aprender la misma lección.

Es un cambio cultural lento, que probablemente requerirá de varias generaciones (los niños de hoy son los que, de mayores, adoptarán o abandonarán) y cuyo objetivo es cambiar la relación entre los hombres y los perros: pasar de la relación ‘Dueño – Esclavo’ o ‘Empleador – Empleado’ del Amsterdam del siglo XIX a un intermedio ‘Amigo – Amigo’, para acabar considerándolos hoy como un miembro más de la familia.

Control de natalidad.

Una pareja de perros fértiles puede tener 2 camadas de 6-10 cachorros al año. Si todos están sanos y tienen suficiente comida, la población de perros aumentaría cada año de forma exponencial (18, 128, 512, 2.048, 12.288…).

Para evitar un crecimiento imparable, Holanda implantó por ley esterilizaciones y castraciones masivas y obligatorias, asumiendo el gobierno los costos de esas intervenciones.

Fomentar la adopción.

La medida que tomaron fue sencilla pero se demostró muy efectiva: impuestos muy elevados en la compra de perros de raza provenientes de criadores, para desalentar así los negocios de compra-venta de animales.

Legislación contra el abandono animal.

En Holanda tienen actualmente una de las legislaciones más duras de Europa e, igualmente importante, la hacen cumplir: más de 16.000 euros y hasta 3 años de cárcel por abandonar a un perro.

 
 
Hoy, en Holanda no hay perros abandonados. Y las organizaciones de ayuda se han reconvertido: SOS Strays, por ejemplo, se dedica a recoger alimentos y materiales, los meten en camiones, y envían esa ayuda a diferentes países europeos. De vuelta, los camiones regresan con perros abandonados para ofrecerles un hogar junto a una familia de los Países Bajos que estará encantada de abrirle las puertas de su casa y de su vida.

¡Qué envidia!

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